Ginkgo biloba

Ginkgo biloba, el árbol mágico

El ginkgo es un árbol muy especial y por eso da nombre a mi espacio.

Desde el punto de vista botánico, podemos destacar que el Ginkgo biloba se considera un fósil viviente, es el árbol más antiguo que existe, único superviviente de la división Ginkgophyta, de la clase Ginkgoopsida, del orden Ginkgoales, de la familia Ginkgoaceae y del género Ginkgo. Hasta hace unos años se pensaba que estaba emparentado con las coníferas, pero se acabó descubriendo que es un phylum botánico independiente.

Hace algunos millones de años se extendía por gran parte del planeta. En el centro de Europa, por ejemplo, se han encontrado fósiles de ginkgo de poco antes del último período glacial, hace unos 15 mil años, que tampoco es tanto. Pero los ginkgos se fueron retirando paulatinamente hacia Asia oriental, y desde allí se volvieron a extender por todo el mundo, pero, en esta ocasión, gracias a la actividad humana, cultivados en parques y jardines.

Es un árbol dioico, es decir, que existen ejemplares masculinos y femeninos, y, por lo tanta, cada árbol produce flores de un solo género, característica botánica no demasiado habitual.

Sus hojas son inconfundibles, tienen forma de abanico y son de un color verde intenso. Es caducifolio, y las hojas se tornan de un color amarillo muy luminoso en otoño.

Los ejemplares femeninos producen unos frutos de color amarillo parecidos a las ciruelas, y la semilla, que recuerda al pistacho, es comestible y muy apreciada en la cocina asiática.

En cuanto a su nombre, ginkgo proviene de la transcripción del ideograma chino que significa ‘albaricoque plateado’, en referencia al fruto, mientras que biloba proviene del latín y significa ‘dos lóbulos’, por la forma de la hoja.

En gran parte de Asia se lo considera símbolo de la resistencia, la esperanza, la longevidad y la inmortalidad, y es fácil encontrarlo cerca de los templos. Es muy conocida la historia de un ejemplar de ginkgo que se encontraba a poco más de un kilómetro de donde cayó la bomba de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y que, aparentemente seco y destruido -como todo a su alrededor-, volvió a brotar en la primavera de 1946.

Es muy utilizado en la medicina tradicional china, tanto sus hojas como sus frutos, e incluso las raíces, sobre todo para afecciones circulatorias y respiratorias. Actualmente se han estudiado sus propiedades y se han reconocido sus cualidades terapéuticas, sobre todo para la insuficiencia circulatoria cerebral y las enfermedades y los trastornos que se derivan de ella.

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